El presente texto está pendiente de publicación en la revista científica Fundamentos de Antropología.
Dr. Josep Mª Fericgla
Societat d’Etnopsicologia Aplicada i Estudis Cognitius
Prof. MGS de la FBG-Universitat de Barcelona[2]
Es algo ya sabido que las emociones constituyen un elemento esencial, a la vez paradójico y muy complejo de nuestra existencia humana. Actualmente dedican sus recursos al estudio de las emociones ramas de la ciencia tan distantes como la biología, la psicología clínica y social, las ciencias de la comunicación, la neurología, la farmacología y la bioquímica, la etología, las matemáticas y la robótica. Sin olvidar el arte y las religiones que han constituido el campo tradicional de socialización de las emociones (además de la familia). En sentido contrario, la antropología y la sociología, ciencias de la conducta que deberían tener las emociones en su punto de mira fundacional, parecen ignorarlas, incluso menospreciarlas, aunque no es ninguna idea absurda organizar las culturas según las emociones básicas dominantes en cada una, más lo mucho que deriva de ello. Por ejemplo, para entender una cultura cabría dirigir la atención tanto hacia su modelo emocional ideal, como hacia el modelo emocional real que regula las relaciones sociales y el comportamiento. El cristianismo católico propone como emoción ideal el amor, la fraternidad y la plenitud del gozo de vivir, pero el sentimiento real en el que encultura a las sociedades crecidas bajo sus nubes es el de la profunda culpa creada por los judíos y transmitida a través del proceso primario de socialización. El miedo a la culpa y al castigo subsiguiente dominan el cielo cristiano. Leer el resto de esta entrada »

