Transpersonalidad y Proyecto

por Hugo Basile

La resolución de los conflictos y diferencias que implican las relaciones humanas en el campo grupal requiere de enfoques integradores cada vez más amplios y menos sectarios que incluyan más posibilidades para más personas, que menos para pocos.

Humberto Maturana sostiene que una sociedad basada en la competencia deja sentado que esa sociedad conviene de antemano en la eliminación o descalificación del otro. Ganarle al otro erradica inmediatamente la posibilidad de aceptarlo.

Una sociedad integradora sería entonces aquella que se postule no a través de la competencia sino de la aceptación.

Obviamente tenemos en cuenta el hecho de que esta sociedad ya está planteada de esta manera, sin embargo, desde nuestra materia, tenemos en cuenta el hecho de que nuestra visión de la adaptación activa nos pone en el lugar de proponer un cambio o de gestionarlo en el hacer cotidiano a partir de darle una direccionalidad a nuestra intervención.

La pregunta es si esta es posible a partir de formularnos en una corriente que continúa postulando la relación sujeto objeto tan alegremente como lo viene haciendo hasta ahora.

Esta relación en la que el objeto puede ser otro o una cosa, poniéndolos casi en la misma categoría, es lo propio de una sociedad en la que este “objeto” puede ser eliminado por medio de la competencia.

Puestos en el campo grupal, en el que se trata de mejorar o equilibrar lo vincular, lo comunicacional a partir de resolver las contradicciones, se hace casi imprescindible el dejar de formular al otro como un objeto, a partir de tener en cuenta y resaltar ambas subjetividades en una relación sujeto-sujeto.

Esto se hace posible a través de enfocar a lo grupal como un espacio a través del cual la suma de sus componentes optimicen lo individual en función del mejoramiento del conjunto, y esto lo sabemos y lo utilizamos en nuestra materia.

Otra de las preguntas es si esto puede lograrse a través de un individuo que no se postule como trascendente.

Un individuo desconectado de aquello que lo trasciende es un individuo puesto en la imposibilidad de actuar en función de lo comunitario, ya que de hecho, no lo contempla.

Y no lo contempla porque el desarrollo y el cultivo de sus individualidades es, al mismo tiempo, un entrenamiento constante en el arte de levantar barreras, lo que equivale a arrojar al sujeto en un potencial frente de batalla permanente, en el que la eliminación del otro da fundamento a un mundo competitivo.

Competencia que al mismo tiempo se da entre las disciplinas que aspiran a tratar a la persona fragmentándola y dividiéndola en lugar de integrarla.

Que esta fragmentación cada vez más creciente nos esté llevando a la exacerbación de lo individual y, por ende, a un suicidio social en masa, no implica que debamos ser simples espectadores de este proceso.

Lograr una reconstrucción de estos proceso que posicionan al individuo en contraposición del grupo, implica devolverlo al estado de comunidad, estado que puede existir a partir de la recuperación de lo trascendente.

La muerte de dios y de las ideologías es la mitología del siglo XX que nos coloca en un estadio cuasi adolescente y que habilita un sistema de relaciones sociales salvajes, que intentan abolir lo comunitario, arrojándonos hacia un estado de “pendejez” interna y externa que puede leerse cada día en lo cotidiano.

Nos declaramos ausentes de padres y al mismo tiempo reclamamos la salvación que viene del afuera, esperando que nos provean de algo que, supuestamente, siempre nos adeudan.

Quizás la causa de esto se relacione con el hecho de ubicar el eje de nuestro sí mismo en lo social, esperando que el sentido de nuestra existencia venga desde ese espacio.

El sentido de la existencia puede encontrarse cuando el eje del sí mismo está colocado en lo sagrado, en el espacio simbólico que da direccionalidad a nuestros actos.

Esto implica que ese espacio “oceánico” de nuestra infancia, esa relación casi simbiótica con otro, quizás haya sido abandonado para obtener experiencia que nos lleve en algún momento a esa relación nuevamente, pero más gratificados.

El espacio de comunitas es un espacio sagrado deseado, en tanto el espacio profano también lo es.

Así como el universo se contrae y se expande, y la vida requiere de ese mismo movimiento para ser tal, los grupos humanos requieren de ese movimiento entre lo comunitario y lo social, entre lo sagrado y lo profano.

Cuando nos posicionamos en uno solo de esos estados acontece la muerte.

Lo trascendente es propuesto por la mirada transpersonal no solo como una realidad sino como una forma de posicionar al hombre en un contexto más amplio que le de un sentido más abarcativo.

Desde el campo social, la lucha por la supervivencia es una elección extremada en el individualismo, que posiciona a los distintos actores sociales en contradicción con otros al nombrarlos como objetos.

La síntesis de esto se resuelve en el campo grupal al develarle a un ser humano la existencia de otro ser humano, ubicando a ambos en un contexto más amplio: primero el grupo, más tarde la comunidad.

En contraposición, la dirección de otras curas apunta a la resolución de los problemas individuales a costa del entorno.

Lo psicosocial contempla al otro al ubicar al hombre en función de sus vínculos y la resolución de los mismos en función del grupo.

También es posible ubicar al grupo en un contexto más amplio que le brinde un sentido diferente y trascendente.

Va mucho más allá de las modas culturales que dan prestigio intelectual pero pocas veces sirven para algo. El campo transpersonal puede aportar a la psicología social un contexto más universal que evita que el hombre se pierda en el mundo de las relaciones objetales, transformándolas en relaciones entre seres humanos y guiándolos hacia un proceso interno transformador.

Cada persona se encuentra en niveles distintos de desarrollo, ubicándose dentro de un amplio espectro de conciencia en constante evolución.

Los diferentes niveles de ese espectro pueden ser abordados con distintos niveles de profundidad y distintas técnicas que permiten llevarlo al nivel siguiente.

La posibilidad de un esquema conceptual abierto permite abarcar al hombre desde varias miradas, utilizando diversas herramientas que permiten abordar al ser humano en cada nivel de ese espectro.

La participación en la factura de nuestra propia historia será aquello que nos permita tener la habilidad de respuesta necesaria (responsabilidad) para apropiarnos de esa vida, comprendiéndola y dándole lugar al otro para que participe conmigo en esa construcción.

La responsabilidad por nuestro actos implica aceptarnos a partir de conocernos y aceptar al otro trabajando el punto de encuentro posible, que será aquello que cada uno de nosotros tiene de humano.

Y esto puede realizarse a partir de correrse tanto de los estereotipos intelectuales y filosóficos como culturales.

Hasta el momento la abolición de los espacios sagrados, la violación de los mismos, nos habilitó para llegar al punto que hemos llegado: el desconocimiento y la eliminación del otro.

Articular el campo transpersonal con el psicosocial incluye ubicar y desarrollar el espacio transdisciplinario que existe entre ambos, espacio donde más de una idea, una teoría y un análisis se cruzan.

Dudo que Riviére haya conocido lo transpersonal, y en alguna ocasión cuestionó la eficacia de teóricos como Jung, volcándose mas hacia el desarrollo freudiano. Y transcendió ese espacio bastante más tarde, por medio de la psiquiatría social, sin embargo, también confluyó en la utilización de varios universales desde la teoría, y en el método ideal desde lo práctico, poniendo la mirada en lo transformador: el proceso más que el contenido. Curiosamente su crianza en la cercanía de los aborígenes argentinos lo llevo a adquirir la mirada que un contemporáneo suyo, Rodolfo Kusch, supo descubrir en el pensamiento del nativo latinoamericano y que desarrolló en su obra.

Lo veo como esa posibilidad de “saber hacer crecer algo dentro del sujeto”, donde “no se trata de saber muchas cosas, sino de asumir el saber abandonando la disponibilidad subjetiva y comprometiéndose con el proyecto”, proyecto que se hace fuerte si encontramos el sentido en nuestra vida, un sentido que no se encuentra con el asesinato de un dios infantil, ni de las ideologías y las utopías, sino , quizás, en recobrar nuestros espacios sagrados, internos y profundos, desde el cual podamos responder al desafío de ser humanos.


Bibliografía:

Steffen Guillermo, Estar en América y el encuentro con el otro, Ed. F.G.Cambeiro

Wilber ken, Conciencia sin fronteras, ed. Kairós

Usandivaras Raúl, Grupo, pensamiento y mito, EUDEBA

Zohar Dana, El yo cuántico, Ed Plaza y Janés

Schaef Anne, Vivir en proceso, Ed. Gaia

Maturana Humberto, Emociones y lenguaje en educación y política

Morín Edgar, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro

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3 comentarios el “Transpersonalidad y Proyecto

  1. encontrè èste sitio tratando de encontrar un lugarcito para desempeñarme en la secretarìa de adicciones, soy Operadora Socioterapèutica y estudiante de la Tecnicatura en Minoridad y Flia, me sorprendiò gratamente, me ayudarà con mi mochila de preocupaciones, por lo pronto èsta mùsica es un bálsamo…Saludos desde La Pampa…mi tierra.Patricia.-

  2. En el marco real, la sociedad actual esta inmersa en el mundo del sobrevivir mercantil, obviando lo espiritual, el concepto grupal de la familia, y sobre todo el colectivo humano, poniendo precio a la actividad humana. Gracias a un amigo, me percate de esta pagina, lo que me lleva a pensar que no podemos ser voces silentes en este mundo de sordos GRITEMOS FUERTES PARA SER ESCUCHADOS y tratar de salvar la sociedad mundial de una muerte segura.

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