Malestar y bienestar desde una perspectiva latinoamericana

por Hugo Basile

“Se tiende a creer que el hombre tiene dudas existenciales básicas que son comunes a todos, y estas dudas existenciales que pasan por saber de donde venimos, hacia dónde vamos, se suponen que son de carácter general.

Se tiende a creer que el hombre tiene dudas existenciales básicas que son comunes a todos, y estas dudas existenciales que pasan por saber de donde venimos, hacia dónde vamos, se suponen que son de carácter general.
Así es que tendemos a generalizar desde la cultura más fuerte o al menos más numerosa hacia la más débil o en inferioridad numérica.
Lo cierto es que nosotros, habitantes de Latinoamérica, vemos al mundo desde una perspectiva que creemos propia pero que fue concebida desde un lugar, si se quiere, diferente al nuestro.
Sabemos que culturalmente, quizás por ascendencia, la cultura europea nos ha legado, junto con esa misma cultura, una modalidad de pensar, de sentir y de hacer, bastante distinta a la de los nativos de nuestra propia tierra.
Ya desde antes de los griegos, los grandes pensadores y filósofos del viejo mundo se preocuparon por tratar de llegar a discernir la razón de la existencia del hombre a través del SER, partiendo de la tríada

SOY – QUIÉN SOY – QUÉ SOY
Como antecesor del
SER – HACER Y TENER

Que en la civilización occidental termina con la pregunta: ¿ quién es el dueño de todo esto?
Todo nuestro sistema racional y lógico está basado en esta premisas, al punto de que el : pienso, luego existo de Descartes dió base a todo el conocimiento que permitió la evolución de la civilización al punto actual, evolución relativa dado que el hombre, precisamente, no evolucionó con ella salvo, seguramente, en la adquisición del conocimiento.

Las culturas originarias de nuestro país, íntimamente emparentadas con el culto a la tierra, a la Pachamama, sin embargo, partieron quizás por ese mismo motivo, de otra premisa:

¿DONDE ESTOY?

Siendo el razonamiento subsiguiente:

ESTOY O NO ESTOY

El hermoso trabajo del filósofo argentino Rodolfo Kusch, plantea precisamente esta diferencia entre el pensar y el sentir adquirido de las civilizaciones europeas sobre el que deberíamos haber heredado de las culturas latinoamericanas.

Estas culturas tradicionales definen a la enfermedad como malestar, pero no un malestar como lo entendemos nosotros, sino como MAL ESTAR en contraposición a un BIEN ESTAR con respecto a la tierra.
Somos cuerpo y pensamiento, sin embargo, cuerpo y pensamiento no están siempre juntos, y esto deviene en MAL ESTAR. Mal estar significa NO ESTAR.

Si utilizamos el eje del tiempo podemos decir que acá estamos con cuerpo, y pensamiento, sin embargo, este pensamiento puede estar en otra época, en el pasado, a través del recuerdo, o en el futuro, a través de la imaginación, lo que en cierta forma da cuenta de que no estamos aquí y ahora, y da cuenta también de que si no estamos aquí y ahora es porque estamos mal.
Bien estar implicaría la no necesidad de ir hacia atrás, ni hacia delante porque estaríamos bien aquí.

Pero vamos a hacer un paréntesis para intentar ver las diferencias entre las dos formas de concepción y las consecuencias que cada una acarrea.
Los procesos de conocimiento
Kusch plantea que la adquisición de conocimiento en occidente puede plantearse en cuatro momentos:
1) la realidad que acontece, lo hace en el afuera
2) nos apropiamos del conocimiento de esa realidad
3) saber de esa realidad resulta de administrar el conocimiento y la ciencia
4) apropiado ese conocimiento actuamos sobre la realidad para modificarla
esta forma de apropiación del conocimiento implica que afuera se da todo y tenemos que recurrir a lo exterior para resolverlo.
Cuando algo nos acontece adentro lo compensamos con el plus del afuera
Cualquier desequilibrio interior, en consecuencia, se debe a que falla el afuera. Cuando algo acontece, para nosotros, la pregunta es el porqué.
A través del trabajo con quechuas, tobas y aymarás, del estudio de su lenguaje, kusch llegó a la conclusión de que en estos idiomas no hay palabras para definir a los objetos propiamente dichos, sino que cuando se habla de objetos se refieren al aspecto favorable o desfavorable de estos, en la relación a lo fasto o nefasto que puede ser para ellos.
El idioma indígena registra acontecimientos antes que cosas, al contrario que el europeo, que registra cosas antes que acontecimientos.
El indígena se refiere al modo en que se hace, y no al hacer. Por lo tanto despliega un sentir emocional sobre lo que se ve. Ve para sentir, registrando de esta manera la acepción que la realidad tiene sobre el, por lo que no es la realidad del objeto sino del acontecer.
El saber indígena, a diferencia nuestra, no se pregunta el porqué, sino el cómo.
El punto de encaje
A partir de esta concepción de Kusch, sumada a la concepción de la temporalidad de Alfredo Moffatt, es que un psiquiatra argentino, Arturo Philip, en 1983, desarrolla la experiencia en el hospital psiquiátrico de Carmen de Patagones incorporando al staff médico del hospital a una machi (chamana) toba.
Philip, luego de una experiencia por un lado exitosa en lo operativo y bastante controvertida desde el aspecto legal, ya que le costó el exilio, pudo observar como operaban los psicólogos autóctonos o chamanes, sobre la realidad de sus pacientes.
La intención de este trabajo es precisamente el dar cuenta de que los distintos modos de abordar la curación tanto propia como del otro difiere precisamente en ser distinta y difiere también en nuestra forma particular de percibir la realidad a través de distintas concepciones.
Cada uno de nosotros tiene exactamente una forma distinta de estar en el mundo. El estar se refiere exactamente al punto en el cual estamos con respecto a lo que nos rodea, y al estar con respecto a nosotros mismos. Estar bien, o bienestar implica que cuerpo, mente y alma puedan estra en el lugar que están en un momento dado.

Decíamos que desde donde estamos en la vida vemos al mundo de una manera particular.
A esta forma de estar podemos denominarla PUNTO DE ENCAJE.
Esa forma de ver el mundo está dada por nuestra educación, nuestra experiencia y, fundamentalmente, nuestras creencias, que al mismo tiempo son el producto de lo que hemos vivido de esa manera particular, forma de mirar que podemos asociar con el ECRO, nuestro esquema conceptual referencial y operativo.
Medimos el mundo de acuerdo a lo que nosotros creemos que es, y por lo tanto creamos nuestra realidad a partir de esto. El antropólogo Carlos Castaneda dice a través de su Don juan: “ el mundo es así porque te enseñaron que es así, lo que no significa que pueda ser de otra manera”.
Si tomamos esto desde una mirada perceptual, podemos decir que la realidad es nuestra forma de percibir el mundo a través de nuestras creencias, creencias que requieren de un consenso determinado que adquirimos del mundo y la gente que nos rodea..
Nuestra realidad no es la misma que la de un bantú, simplemente porque nuestra manera de ver el mundo es distinta, aunque en verdad, tanto la realidad del bantú como la nuestra son igualmente respetables.
El lugar desde donde miramos al mundo es nuestro punto de encaje, nuestra particular manera de ver y manejar la realidad. Es nuestro esquema de conceptos y referencias, y desde el operamos.
Es el lugar desde el que estamos en relación con el mundo y también en relación con los objetos que nos rodean. Nos vinculamos con el mundo de acuerdo a nuestra necesidad y deseamos a esos objetos, o sujetos, de acuerdo a ella.
Generalmente es el tiempo el que hace que esta forma de mirar el mundo se transforme en una rutina. La rutina, en cierta forma, es lo que consideramos normalidad, y creamos la rutina y la normalidad precisamente para evitar el miedo: miedo a lo desconocido, miedo a la pérdida, al ataque, al futuro, a la muerte.
Sin embargo hay otra mirada desde la cual ver el mundo.
Si tuviésemos que recurrir a una filosofía de nuestro propio continente, como la nombrara Rodolfo Kusch, podíamos ver que por ejemplo, el indígena latinoamericano, se vincula con lo externo desde otro proceso, que decíamos, más que con el SER, tienen que ver con el ESTAR, el lugar desde el que estamos en el mundo.
Los occidentales, o los que tenemos incertada una educación con una base filosófica europea, ante una necesidad recurrimos precisamente a los objetos, a lo externo, como complemento de nuestra carencia, carencia que por su parte, nunca logramos satisfacer a través de esos objetos.

Los rituales del chamán
Precisamente, las culturas con base latinoamericana basan la búsqueda de sus necesidades en los las vivencias internas, en su propio ser.
Vamos a ver esta forma de trabajar y esta concepción desde las observaciones de Arturo Philip sobre cómo trabajaba la machi que lo acompañó en su proceso, llamada Dominga Ñancufil.
Lo que los occidentales conocemos como ritual, es precisamente tomado como una forma de protegernos de lo desconocido, pero esto que desde lo científico se asocia a la enfermedad o a lo místicos como patología, desde el punto de vista indígena se lo toma como forma de obtener, concentrar y dirigir energía para enfrentar y resolver el miedo.
Desde nuestro lugar podríamos decir que es bastante similar al encuadre.
Decíamos que el punto de encaje es el lugar desde el que miramos el mundo.
Cuando los vínculos con el mundo se transforman en rutina, estos se rigidizan.
Si existen con los objetos vínculos muy rígidos e inmodificables se transforman en inmovilidad, por lo tanto inmovilidad de la identidad.
Esto es enfermedad.

“la razón quiere un control absoluto de la percepción del sujeto, y por ende pretende tenerlo todo en su lugar, no hay espacio para la sorpresa, para lo nuevo, y por supuesto, para el cambio. La razón pone todo en su lugar y a través de las rutinas, preciso mecanismo para evitar cualquier nueva situación de cambio y evitar el miedo, no permite que las cosas se muevan”.

No permite precisamente, una adaptación activa a la realidad

A través de las rutinas quedan a la vista las defensas y resistencias del paciente, emergiendo también los miedos ocultos.
Una vez movilizados los mecanismos de defensa y las resistencias, el chamán abre, de esta manera, la puerta de entrada para descubrir esos miedos, porque precisamente es el miedo el que moviliza e incrementa los razonamientos, pensamientos lógicos y formales para defenderse de lo inesperado.

El chamán, habitualmente favorece esta incrementación de la racionalidad, pero al mismo tiempo está viendo por donde entrar en el campo perceptual del paciente, mediante toques en el sector defendido ( viéndolo desde nuestro campo podríamos hablar de señalamientos) y tanteos en los sectores no defendidos.

Los sectores no defendidos serían aquellos aspectos mas bien míticos del paciente, teniendo en cuenta que lo racional no puede abarcar todo el campo racional.

Aspecto mítico

La técnica de toque y huída terminan agotando al paciente dando lugar a otro tipo de manifestaciones tales como mareos o dolores de cabeza.
Es aquí donde el chamán comienza a entrar en el campo perceptual del paciente a través de técnicas que pueden ser una danza, un ritual, un canto, masajes, etc hasta lograr obtener una regresión.

A mayor grado de regresión mayor grado de transferencia de energía hacia la figura del chamán.
De esta manera, el chamán corre al paciente del campo racional no solamente desde afuera sino también desde adentro DESPLAZANDO DE ESTA MANERA EL PUNTO DE ENCAJE. El centro de la razón es abandonado y, por ende el control de la situación.
Cuando el chamán logra estar precisamente en el punto de encaje del paciente, también descubre el centro de su mitología, de su identidad. Descubre quién fijó esa identidad en el paciente.(padre, madre, esposa, dios, etc.)

Resumiendo:

El MAL ESTAR es estar parados en el lugar incorrecto, es tener un esquema de conceptos y referencias que nos llevan a operar en forma errada.
Cuando nuestra mirada sobre el mundo nos produce malestar, solo nos resta encontrar el lugar correcto en el que podamos ESTAR BIEN.
Cuando nuestro MAL ESTAR llega a su punto extremo, nuestra impotencia no mos permite modificar la realidad, corrernos del lugar de la enfermedad, modificar nuestra relación con el mundo, comenzamos a imaginar otro mundo, otra realidad, en la imaginación pero como si fuera real. Esta es otra manera de describir un brote psicótico, de mostrar la entrada en el delirio. Y en el delirio estamos solos, nadie comparte esa realidad, por eso es delirio. Entramos en el vacío.
Esta particular forma de describir a la enfermedad es conocida por el chamán, y antes de que el individuo llegue a la ruptura definitiva, comienza a intentar desestructurarlo, intenta que se corra del lugar en el que está mal, y para eso utiliza todas sus argucias, porque corriendo al enfermo del lugar de la enfermedad, sacándolo de su punto de encaje, logra, al mismo tiempo, que empiece a mirar al mundo de una forma diferente, desde un ESTAR distinto.
Para lograr esto, a través de sus argucias, el chamán desplaza a través de técnicas al sujeto del lugar y ocupa, y pasa a ocuparlo el toma el lugar de la enfermedad en forma provisoria. Es aquí donde se produce el espejo. Quién sufría la enfermedad puede verse a sí mismo en la figura del chamán, tomando conciencia de que el lugar de la enfermedad está siendo ocupado por otro, y que el lugar que ocupa ahora es el de la salud, el del BIEN ESTAR.
Descubre que su forma de estar en el mundo, que sus creencias, que sus conceptos y sus referencias eran producto del lugar en el que estaba parado, y que ahora, desde ese nuevo lugar tiene la oportunidad de rearmar su mitología, sus creencias y sus conceptos, pero esta vez, teniendo el aprendizaje de que solo nosotros, a veces solos, otras con ayuda, podemos dar el paso inicial que nos lleve al espacio de la salud.
Por su parte, el chamán es capaz de entrar y salir del lugar de la enfermedad tantas veces como sea necesario, sabiendo que la realidad se modifica ante cada mirada, sabiendo que nuestra realidad depende de cómo la hayamos aprendido. Don Juan Matus, a través de Carlos Castaneda decía que ‘’tu realidad es así porque te enseñaron que es así, lo que no significa que pueda ser de otra manera’’.
Esta argucia chamánica deja traslucir dos enseñanzas que como futuros psicólogos sociales debemos incorporar indefectiblemente y tener siempre presentes:

1) que para curar debemos ponernos siempre en el lugar del otro.
2) pero no debemos quedarnos en ese lugar.

Algunos elementos a tener en cuenta para analizar a las culturas latinoamericanas.

Como decíamos anteriormente, cada cultura tiene sus propias pautas, y la estructura psíquica creada por la cultura se desarrolla de una manera diferente.
Jung decía que la diferencia entre el pensamiento oriental y el occidental, residía en que el oriental tiene una mayor percepción y desarrollo de su relación con el inconciente colectivo, por lo que la disolución del ego le permite un mayor desenvolvimiento de las fuerzas arquetípicas a nivel conciente.
Occidente, por el contrario, más apoyado en el desarrollo del ego, genera una proyección de sombra cada vez más fuerte, y por ende una mayor rigidez en uno de los polos.
Para sintetizar esto diría que si un oriental y un occidental van por un mismo camino, uno llega a la santidad y el otro a la tiranía.
La estructura primitiva, como estructura primaria, esta más cerca del significado simbólico, o si se quiere, de los arquetipos colectivos, y por ende de los mitos, que son la expresión conciente de lo simbólico e inconciente.
Hablamos de culturas que no cultivaban el desarrollo del ego, sino el de un mayor contacto e inmersión en ese inconciente.
El desarrollo del ego y de la individualidad en las culturas occidentales fortalecieron la barrera entre la conciencia, el inconciente personal y el colectivo.
Sin embargo, no podemos negar que una de las teorías más fuertes sobre la psiquis del hombre civilizado, hablamos del psicoanálisis, apoya la mayor parte de su estructura en el desarrollo de un mito y en el mundo de los sueños (visiones).
No debería asombrarnos entonces que culturas más primitivas, más cercanas psíquicamente al material inconciente, sobre todo al inconciente colectivo, manejaran ambos lenguajes, el de los mitos y el de los sueños, como algo natural.

Como estudiantes de PS sabemos que no podemos percibir el desarrollo y el proceso de un grupo solamente desde la conciencia formal, y por eso utilizamos la disociación instrumental. Esta herramienta nos permite dejar por un rato la objetividad de la conciencia para apoyarnos en el campo perceptual y el intuituivo.
Del mismo modo, los chamanes alteran su estado de conciencia ordinario para comprender pautas, tanto de lo cotidiano como de lo universal, sin que lo racional, que polariza las situaciones y las interpreta, intervenga en esa observación o aprendizaje.
Lo que nosotros desetructuramos en niveles mas leves de nuestro ECRO, ellos lo hacen en niveles mas profundos, disolviendo su conciencia casi por completo para tener una percepción de la realidad tal como es.

El universo es irracionalmente armónico, somos nosotros los que lo hacemos racionalmente caótico.

Algunos elementos para tener en cuenta al analizar culturas con características extáticas en general desde la teoría de la temporalidad.

Las distintas técnicas chamánicas como la que nombramos, conducen, en cierta manera, a la disolución del yo, que en definitiva es el que establece el flujo del tiempo, sin embargo, debe haber todo un trabajo consciente para que la disolución del yo se transforme en un factor transpersonal de poder o de mística, y no en una puerta hacia la locura.
El místico o el chamán controlan a la perfección el área que nosotros denominamos locura, y lo hacen precisamente por medio de la comprensión y de la voluntad. Tengamos en cuenta que lo que para una sociedad es locura para otra no lo es, por lo tanto, lo que denominamos locura no deja de ser en parte una pauta cultural, por lo menos dentro de los cánones que nosotros conocemos.
Vamos a partir del punto de que todas las estructuras psíquicas y sociales funcionan en base a los opuestos, por la ley de los opuestos es aplicable no solamente a la conciencia, sino a todo aquello que vemos, desde la polaridad atómica hasta la de los géneros.
Todas las grandes filosofías, entre las que nombraremos al zen, al taoísmo, y si se quiere al budismo, apuntan precisamente a la eliminación de los opuestos, para lo cual debe contarse con la ruptura de la línea yoica temporal, pero para esto, básicamente se eliminan los deseos, y por esto mismo se establece el desapego como punto de partida.
Para explicar un poco más la disolución del ego diré que el campo perceptual humano esta limitado al presente, a lo existente, a lo que ve. Sin embargo, que el campo perceptual humano esté limitado al presente, teniendo acceso al pasado como recuerdo y al futuro como proyecto, no significa que el pasado y el futuro hayan dejado de existir, solo que no lo podemos percibir por la limitación de nuestra percepción.
Los hindúes decían que los humanos vivimos el sueño de Brama, es decir, del sueño de dios. Podemos traducir esto diciendo que, si nuestra capacidad de percepción se ampliase al pasado y al futuro como una continuidad existente en forma permanente, sería como ver una película, sería la comprobación de una ilusión, de un sueño, que es la vida.
Nuestra única realidad concreta es el presente, y nosotros la utilizamos para proyectar el futuro y eso es lo que le da continuidad a nuestra vida, es decir, la sumerge en la dualidad del tiempo.
El zen y el taoísmo, por el contrario, intentan eliminar esa dualidad ilusoria del tiempo, precisamente para adueñarse de la única realidad que es el presente. Cuando el juego de los opuestos se detiene, hay una percepción directa de la realidad, de lo que ES, y por tanto el tao se detiene y se conocen las causas. Es la iluminación, el Satori, el nirvana.
Pero como lo que nos permite navegar en la dualidad del tiempo es nuestro yo, porque en definitiva el yo es lo que nos permite mantenernos en el presente, y somos una suceción de yoes presentes proyectándose (yo pasado, yo presente, yo futuro), se busca la disolución de éste precisamente para tener una percepción real de la totalidad de la existencia. Este pensamiento es el que da origen a la visión holográfica de la existencia. Si percibiésemos nuestra vida en forma completa, lo que estaríamos viendo sería una película con final y todo, por lo que, en realidad, la vida sería un sueño, el sueño de brama, y nosotros seríamos solamente una proyección de nuestro yo real.

La teoría de la temporalidad

Si nosotros rompemos la línea yoica temporal, pero aún existe el deseo de proyectarse en el tiempo, esto solamente rompe la trama yoica, trocando el éxtasis en locura. Cuando se rompe la trama yoica desde el conocimiento, se encuentra el universo. Cuando se la rompe desde el accidente, se encuentra el vacío.
Sería como distintas maneras de no estar:

Cuando el NO ESTAR es accidental deviene en malestar
Cuando el NO ESTAR es intencional es una técnica

Aunque muchos estudiosos clásicos puedan opinar lo contrario, la eliminación de los opuestos psíquicos por trabajo personal, llevan a la no acción y a la contemplación, cosa que es muy distinta del delirio, a la que solo se llega por accidente, tomando por accidente, no a la casualidad, sino al no deseo de llegar a éste punto.
Los elementos básicos de la locura, quitan al enfermo del espacio y el tiempo como puntos referenciales, en tanto que el trabajo transpersonal, lleva a la ruptura del espacio y el tiempo, conservando, al mismo tiempo, el dominio sobre éstos.
Pero hablemos un poquito más de la estructura temporal del yo. Y para esto vamos a remitirnos a la estructura temporal que plantea Alfredo Moffatt.
Según Moffatt, la problemática básica de todo sujeto, es la de atravesar el tiempo a lo largo de una vida y aceptar los cambios, en tanto que uno siempre es el mismo.
Este “viaje” del sujeto por el tiempo lo enfrenta a su propio futuro, en el cual siempre está la muerte, el hombre es el único animal que sabe que se va a morir. Por tanto, para perpetuar la existencia el hombre realiza proyectos, y estos proyectos son él mismo en el futuro, es decir, solo puede proyectar en tanto se vea a sí mismo en el futuro.
Según Moffatt, el hombre se proyecta en el tiempo en base a futurar recuerdos, es decir, como en el futuro no hay nada, recurre a la información que hay en su pasado y la arroja hacia adelante, como forma de continuación, este arrojarse hacia adelante establece la continuidad yoica a través del tiempo, es decir, toma energía de hechos del pasado y la arroja hacia delante.
Tengamos en cuenta que el presente es siempre un estado de transición entre dos cosas que no existen: el pasado, porque solo es información, y el futuro, que todavía no llegó, por tanto, la única percepción segura que el sujeto tiene es en torno a su presente.
De esto se desprende que la energía psíquica que el hombre posee, o puede obtener de su pasado, la utiliza para proyectarse en el tiempo.
Precisamente, las crisis devienen de no poder proyectarse en el tiempo, aparecen cuando nuestra continuidad temporal se ve interrumpida por un hecho determinado (muertes, separaciones, etc.), y uno no puede verse en el futuro, por tanto aparece el vacío, y para defenderse, el sujeto crea el delirio, que le permite no desaparecer psíquicamente en el vacío, porque el vacío es muerte y aniquilación.
Por tanto, si tenemos en cuenta esta estructura de continuidad yoica temporal, podemos decir que cuando el sujeto pierde su contacto con el pasado, o disuelve su estructura yoica por accidente, entra en el vacío.
El taoísmo y el zen, por ejemplo, proponen la disolución del yo, al igual que otras filosofías, pero a partir de dar un salto que no es precisamente en el vacío, sino en otra realidad, pero siempre controlada y sostenida por la voluntad. Lo que llamamos vacío no es ausencia de existencia, sino incapacidad de controlar los significados del yo real. Tanto el moje zen como el psicótico entran en el mismo lugar, solo que el monje entra y sale cuando quiere porque sabe para que va, y el psicótico no, el psicótico se pierde y no puede volver a entrar en la trama yoica. (siempre hablamos de aparato psíquico y no de lesionescerebrales, en las que el órgano de la expresión de la psiquis, o de órganos relacionados a este, al estar dañado, no permite su correcta expresión, por ejemplo, en la arterioesclerosis)
Estas técnicas, entonces, son efectivas para quien elimina su pasado con intención de entrar en lo transpersonal, sin esperar otro futuro, perdiendo la forma humana.
La forma humana es la continuidad yoica. Romper la forma humana es romper el ciclo de esta continuidad. Quien las practica en función de continuar con su futuro normal, solo podrá utilizarla para recuperar energía y contemplar las repeticiones que realiza en su vida, rompiendo así sus mandatos básicos, pero no podrá dar el salto al vacío o a la otra realidad.

Bibliografía:

Rodolfo Kusch, El pensamiento indígena y popular en América
Rodolfo Kusch, América profunda
Arturo Philip, La curación chamánica
Alfredo Moffatt, Terapia de crisis
Jung, Carl Gustav, El hombre y sus símbolos
Carlos Castaneda, Las enseñanzas de Don Juan”

Escrito con el Navegador Flock

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