El camino de la serpiente

“Hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir,
por cualquier hombre del mundo, por cualquier casa…”

“Lo más terrible se aprende enseguida,
y lo hermoso nos cuesta la vida…”
Silvio Rodríguez

“Cuando era joven tuve un jardín, pero me escapé hacia otro lugar
y no sirvió de nada
porque todo el tiempo estaba en un mismo lugar,
y bajo una misma piel, y en la misma ceremonia…”
Fito Páez

por Hugo Basile

Esta tercera parte de los artículos de la serpiente, comienza con una pequeña anécdota del mito bíblico, y con una pregunta.

Cuando en el huerto de Gethsemaní, Jesús acababa de ser apresado por los romanos, guiados por Judas Iscariote (de quién también hablaremos en próximos artículos, dado que carga ante los ojos del hombre con el mismo estigma que el de Satanás), los soldados preguntan quién era Jesús, y él contesta lo mismo que Jehová ante Moisés: Yo soy (el que soy). Cuando les dijo Yo soy retrocedieron y cayeron a tierra .( Juan 18:5,6)

Y ahora seguimos con la pregunta: ¿ Qué hubiera contestado Ud. en su lugar?

Seguramente hubiese contestado con una suma de historias y suposiciones sobre lo que ha aprendido, sus títulos, sus actividades, étc. pero seguramente no contestará Yo soy, porque al igual que la mayoría de nosotros, usted no sabe quién es.
El Yo soy, libre de historias, es una respuesta que solamente cabe a aquellos que están libres de su ego, porque saben que el ego es solamente una instancia en el camino de la evolución del hombre.
Hemos hablado en los artículos anteriores precisamente de ello: de como el hombre, para lograr el desarrollo de su conciencia, necesita formarse un ego, desarrollarlo y desestructurarlo casi en forma permanente, para poder crecer.
Hay dos miedos fundamentales que el hombre enfrenta a lo largo de su vida: el miedo al cambio y el miedo a la pérdida.
Cuando el hombre nace, cuando llega a la existencia, viene de la fusión, de la unidad con su madre, por lo tanto viene sin “yo” y lo va formando a través de la experiencia que le transmiten otros. Esos otros son, en principio, nuestros padres, a los que se van sumando otros y otros más a lo largo de la existencia, sin dejar emerger ESTO que somos. Nuestra realidad queda sepultada bajo una cantidad de yoes, y al mismo tiempo van obstaculizando la visión de lo que realmente somos.
Recordemos que en nuestros artículos anteriores, hablamos de que en el mito de la caída, Lucifer ( el portador de la luz) junto con sus ángeles (las cualidades), bajó a ejercer su función: LA SEPARATIVIDAD.
Los diversos yoes que nos componen forman parte de esa separatividad.

Las viejas doctrina espirituales nos hablan de que los diversos sistemas de autoobservación permiten, precisamente, que el observador se transforme en lo observado. Cuando nombramos a ésta sentencia, nos preguntamos cuál puede ser la forma a través de la cual ésto puede ser factible, y es lógico (es dual), porque creemos efectivamente que los yoes o los diversos aspectos del yo son nuestra verdadera esencia.
Cuando Jesús, en el huerto de Gethsemaní dice : Yo soy, lo que realmente está nombrando es a esa esencia capaz de observar ( y sólo observar, porque cuando deja de hacerlo y pasa a emitir juicio ya entra en la dualidad ) a las diferentes aptitudes y yoes que nos conforman.
Obviamente, el hombre no podría desarrollarse en la existencia en tanto y en cuanto no desarrolle su ego, y me remito exclusivamente a nuestra forma de existencia. Pero ésto no significa, que la existencia que el hombre lleva adelante, sea verdaderamente la única existencia o al menos, la existencia capaz de hacer que el hombre entienda su origen y su destino.
En nuestro artículo anterior mencionamos que desde la Tradición, el camino del hombre que aparece narrado en los mitos, consiste precisamente en la estructuración y desestructuración del ego con nuevas pautas y elementos distintos.
También dijimos que “La desestructuración sin motivos que la sustenten y sin elementos nuevos que la rearmen se transforma en locura, porque es el vacío. Sin embargo, no siempre es el vacío cuando la elección se dirige no a la dualidad sino al principio inicial de la conciencia”.
Lo que para nuestra sociedad puede ser locura, de acuerdo a nuestra pautas de existencia, para otras puede ser cordura de acuerdo a sus propias pautas.
La ruptura del yo y de la estructura psíquica en función de una búsqueda nos muestra parte de ese proceso de existencia, en tanto que la ruptura del yo y del ego como consecuencia de problemas determinados solamente conducen a la locura. Según desde donde lo veamos, la iluminación puede ser locura controlada, o la locura puede ser una puerta al conocimiento.
Pero veamos esto desde las distintas doctrinas que hablan de la conciencia.

La serpiente taoísta.

Uno de los libros base del taoísmo, el “Tao Te King”de Lao Tsé, nos permite percibir en sus primeros párrafos a la esencia de la creación y su entrada en la dualidad. Vamos a analizar algunos de estos párrafos:

El tao que puede recorrerse,
no es el Tao eterno
El nombre que puede ser pronunciado
No es el Nombre inmutable

En principio podemos encontrar un nivel esencial y uno manifestado. Aquello que puede recorrerse, estudiarse o nombrarse no es el Tao eterno porque al nombrarlo lo estamos manifestando, por tanto, la comprensión de la existencia y del origen solo es observable y se la tiene por medio de la contemplación. Lo que yo estoy haciendo, al nombrarlo y explicarlo, es solamente una aproximación burda del lenguaje a aquello que no se puede comprender por medio del lenguaje. Es un conocimiento silencioso.

Sin nombre, es el No-Ser
Origen del Cielo y la Tierra
Con nombre, es el Ser,
la Madre de todas las cosas.

Las palabras materializan a las ideas. Vienen del Padre (principio pasivo), pasan por la Madre (principio también activo) y se manifiestan. Esto es: la manifestación se produce a partir de pronunciar el verbo, lo dicho es aquello que se manifiesta, lo que se hace real y adquiere una dimensión. Decir es Ser, lo que se dice se es, porque las palabras construyen a la realidad.

En el perpetuo No-Deseo
revela su esencia oculta
Como deseo permanente
permite contemplar las cosas
En su apariencia y sus límites.

En el No-deseo, la no manifestación “revela su esencia oculta”. Como Deseo permite contemplar las cosas pero no como “son” sino “en su apariencia y sus límites”. La esencia solo se puede ver a partir del No-deseo, del desapego, fuera de los opuestos, en tanto que el deseo solo nos lleva a contemplar un mundo lleno de apariencias, limitado, una ilusión de lo que verdaderamente es. El límite del deseo está impuesto por la dimensión en la que vivimos. Aquello que vemos, por nuestra condición tridimensional física y bi-polar psíquica, no es como se ve, sino que es diferente. Aquello que vemos es incompleto, por tanto cada acción en el plano de la manifestación, también es incompleta. Cuando juzgamos lo hacemos solamente sobre un aspecto, y de esta manera no podemos contemplar la totalidad de lo que juzgamos. Como veremos después, aquello que creemos genera inmediatamente su opuesto, y lo genera porque tomamos posición y porque esta posición que tomamos está solamente determinada por nuestras creencias, por nuestro sistema de creencias, Los hechos son hechos en sí y solamente nosotros les damos el contenido de acuerdo a lo que nuestro sistema de creencias acepta o no. Por ésto nuestra visión o pensamiento siempre va a ser parcial.

Aunque son designados con nombres diferentes,
Ambos aspectos son inseparables
Y tienen un origen común,
Juntos constituyen el Misterio supremo,
La puerta de los prodigios

Más allá de que lo polaricemos con nuestro pensamiento, el universo es uno “ambos aspectos son inseparables” por tanto son parte del mismo principio, como vimos en el mito de la caída, y forman parte de lo que no se puede conocer. Por qué no se puede conocer? Precisamente porque el conocimiento de este principio, en una mente estructurada, produce el vacío y la locura, la no existencia. Para conocerlo debe desestructurarse el ego con pautas nuevas, y esas pautas nuevas tienen que ver directamente con la transpersonalidad, con lo mítico y con lo mágico, capacitar a la conciencia a percibir lo imperceptible y a permanecer inmutable ante lo que no se puede conocer, sin tomar posición. Castaneda, a través de su Don Juan, nos hablaba del desatino controlado, es decir, de la capacidad de permanecer inmutable ante lo maravilloso y lo terrible que hay en el universo. Parecer controlado a pesar de que lo que se está viendo pueda volver loco a cualquiera, parecer cuerdo ante lo que los demás caracterizan ( por sus creencias) como locura..

Todo el mundo reconoce lo bello como bello,
Y de ello se deduce qué es lo feo.
Todo el mundo reconoce el bien como bien,
Y de ello se deduce qué es el mal.

Toda posición tomada, toda creencia, genera una fuerza que determina lo contrario. Decir que algo es bueno determina que hay algo malo, y decir que nosotros somos buenos, nos pone en la posición de elegir en quien poner el malo.
En el párrafo siguiente vemos como las posturas determinan directamente la contraria, no pueden existir la una sin la otra:

Es así como el Ser y el No-Ser
Se engendran recíprocamente;
Lo difícil y lo fácil se dan sentido el uno al otro;
Lo largo y lo corto remiten el uno al otro;
Lo alto y lo bajo refieren el uno al otro
La voz y el sonido se acompañan la una al otro;
El antes y el después se suceden el uno al otro.

Por eso el sabio practica la No acción
Hace sin hacer
Y enseña sin hablar.

Los maestros del Zen y del Taoísmo enseñaban sin hablar porque al otro no le quedaba otra salida que escucharse a sí mismo.

Podríamos ver infinitos aspectos más del Taoísmo que paralelamente al Zen y a las otras filosofías y mitos, nos llevan por el mismo camino: la construcción del ego nos lleva directamente hacia los compartimentos de la individualidad, cosa sumamente necesaria, repito, para la existencia, sin embargo, esta creación del ego tiene como único fin, la adquisición de experiencia, pero si el hombre intenta llegar al conocimiento, también a través de la experiencia, solo le queda la ruptura del ego y la integración de nuevas pautas y paradigmas que le permitan , en algún momento, contemplar su propio origen.
A éstos, a través de todas las épocas, se los ha llamado iluminados.

El espacio y la temporalidad

El místico y el hombre “primitivo”controlan a la perfección el área que nosotros denominamos locura, y lo hacen precisamente por medio del desatino controlado del que hablamos anteriormente. Como también vimos, las grandes filosofías apuntan directamente a la eliminación de los opuestos, para lo cual debe contarse con la ruptura de la línea yoica temporal, pero para esto, básicamente se eliminan los deseos, y por ésto mismo se establece el desapego como punto de partida.
Si nosotros rompemos la línea yoica temporal, pero aún existe el deseo de proyectarse en el tiempo, esto solamente rompe la trama yoica, trocando la iluminación en locura. Cuando se rompe la trama yoica desde el conocimiento, se encuentra el universo. Cuando se la rompe desde el accidente, se encuentra el vacío.
Aunque muchos estudiosos clásicos puedan opinar lo contrario, la eliminación de los opuestos psíquicos por trabajo personal, llevan a la no acción y a la contemplación, cosa que es muy distinta de la catatonia, a la que sólo se llega por accidente, tomando por accidente, no a la casualidad, sino al no deseo de llegar este estado.
Los elementos básicos de la locura quitan al enfermo del espacio y el tiempo como puntos referenciales, en tanto que el trabajo personal, lleva a la ruptura del espacio y el tiempo, conservando, al mismo tiempo, el dominio sobre éstos.
Pero hablemos un poquito más de la estructura temporal del yo, para lo que vamos a remitirnos a la estructura temporal que plantea Alfredo Moffatt.

En la ilustración 1 podemos ver el mecanismo de futurar recuerdos. Según Moffatt, la problemática básica de todo sujeto, es la de atravesar el tiempo a lo largo de una vida y aceptar los cambios en tanto que uno sigue siendo el mismo.
Este “viaje”del sujeto por el tiempo lo enfrenta a su propio futuro, en el cual simple está la muerte; el hombre es el único animal que sabe que va a morir. Por tanto, para perpetuar la existencia el hombre realiza proyectos, y estos proyectos son “él mismo” en el futuro.
Según Moffatt, el hombre se proyecta en el tiempo en base a futurar recuerdos, es decir, como en el futuro no hay nada, recurre a la información que hay en su memoria, es decir, en el pasado, y la arroja hacia adelante esperando repetirla, si fue agradable, o provocándole miedo si fue desagradable, pero en definitiva, como forma de continuidad. Este arrojarse hacia adelante establece la continuidad yoica a través del tiempo, es decir, toma energía de hechos del pasado y la arroja hacia adelante.
Tengamos en cuenta que el presente es siempre un estado de transición entre dos cosas que no existen: el pasado, porque solo es información, y el futuro, que todavía no llegó, por tanto, la única percepción segura que el sujeto tiene es en torno a su presente.
De esto se desprende que la energía que el hombre posee, o puede recapitular, en un hombre común, la utiliza para proyectarse en el tiempo.
Precisamente, las crisis devienen de no poder proyectarse, aparecen cuando nuestra continuidad temporal se ve interrumpida por un hecho determinado (muertes, separaciones, étc.), y uno no puede verse en el futuro, por tanto aparece el vacío, y para defenderse, el sujeto crea el delirio, que le permite no desaparecer psíquicamente en el vacío, porque el vacío es la muerte.
Por tanto, si tenemos en cuenta esta continuidad de estructura yoica temporal, podemos decir que cuando el sujeto pierde su contacto con el pasado, o disuelve su estructura yoica por accidente, entra en el vacío.
Las viejas filosofías y las técnicas de éxtasis chamánicos proponen la disolución del yo, pero a partir de dar un salto que no es precisamente en el vacío, sino en otra realidad, pero siempre controlada y sostenida por la voluntad.
Es por esto que el Tao propone y otras disciplinas proponen el silencio interno y el no hacer, porque precisamente estas dos cosas eliminan los opuestos. Si los opuestos están en juego, es decir, si el tao está en movimiento, no es el tao esencial; cuando el movimiento se detiene se puede tener conocimiento del Tao, pero es un conocimiento silencioso, sin palabras, sin racionalidad de por medio, sin lógica, porque la lógica juega con los opuestos.
La búsqueda de la iluminación, entonces, es efectiva para quien elimina su pasado sin esperar un futuro, rompiendo así la estructura del tiempo, que también es una dualidad, rompiendo la forma humana.
La forma humana es la continuidad yoica. Romper la forma humana es romper el ciclo de esta continuidad.
Quien busca la iluminación con la idea de continuar con su futuro normal, no podrá dar el salto a la otra realidad. Es por esto que quien está dispuesto a encontrarla, también debe estar dispuesto a romper el molde de su vida habitual, porque nunca volverá a ser el mismo, en palabras del Don Juan de Castaneda: “nunca volverá a ser humano”. Es por esto también que el conocimiento es el factor fundamental para acceder a otros estados de conciencia. La masificación de estas ideas y técnicas, a mi entender, pueden provocar que se tenga el pensamiento mágico de creer que cualquiera está en condiciones de acceder al Tao, o a la desestructuración del yo.
Sin embargo, podemos encontrar en los mitos y en los simbolismos, muchos datos y mucha información sobre como entrar en contacto con lo sagrado, rompiendo las barreras del tiempo, y abriendo puertas a otras realidades.
Pero esto ya es otro tema.

Hugo Basile
Bibliografía:
Tao Te King – Lao Tse-Sirio
Terapia de Crisis – Alfredo Moffat-Ed. Alternativas
Carlos Castaneda-Varios

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