La diosa de los mil nombres

Artículo escrito por la investigadora Analía bernardo publicado originalmente en la revista Mithos, dirigida por Hugo Basile

La Diosa tiene muchos nombres, rostros, poderes y atributos. La mayoría proceden de la más antigua Creadora paleolítica de las cuevas rupestres (30.000 a. C.) y de la Triple Diosa neolítica: Virgen, Adulta y Anciana Sabia (6000 a. C), cada una patrona del cielo, la tierra y el mundo subterráneo. En esta sección ofreceremos algunos de esos Mil Nombres con los que la ancestral Deidad Femenina fue percibida, reconocida y celebrada en distintos lugares y épocas.

Una de nuestras principales fuentes es “The Woman’s Encyclopedia of Mythos and Secrets” de Barbara Walker (Harper & Row, San Francisco, 1983) por ser la más completa e integral compilación sobre las Diosas y de las tradiciones sagradas femeninas prepatriarcales que perduraron incluso en culturas posteriores a las matrísticas; además de otras fuentes, comentarios e interpretaciones especialmente realizadas para esta sección.

En muchos casos veremos cómo los poderes originales de la Gran Diosa Madre fueron compartidos con deidades masculinas agrícolas, como así también retenidos o usurpados por deidades de orientación guerrera que cometieron la “hubrys”patriarcal en la edad clásica al erigirse como únicas fuentes de poder y sacralidad, dando lugar a la subordinación de lo femenino a lo masculino en el campo de lo sagrado y del ser.

Analía Bernardo

ÁRTEMIS

Diosa luna amazónica, adorada en Éfeso bajo el nombre latino de Diana o Diosa Anna. Como la Diosa hindú Saranyu que dio nacimiento a todos los animales, era llamada Madre de las Criaturas. Su aspecto de Cazadora era una forma de la Anciana destructora o luna menguante. Como Hécate, conducía la cacería nocturna y sus sacerdotisas llevaban máscaras de perros de caza.

Una de las más populares encarnaciones animales de Ártemis era la Gran Osa, la Ursa Major, gobernante de las estrellas y protectora del axis mundi, el Polo del Mundo, señalado en el cielo por la Estrella Polar en el centro de un pequeño círculo que describe la constelación de la Osa Mayor. Las tribus helvéticas de los alrededores de Berna, por ejemplo. la adoraban como la Osa, que sigue siendo el símbolo heráldico de Berna. El nombre mismo de la ciudad significa “Osa”.

Había una razón astronómica bastante sofisticada para adorar a la Osa celestial que año a año seguía su senda alrededor de la Estrella Polar. Probablemente fue descubierta primero en el Lejano Oriente. Los meses y estaciones están determinados por la revolución de la Osa Mayor y cuando la cola de la constelación apunta al este anuncia la llegada de la primavera, cuando apunta al sur la del verano, cuando apunta al oeste la del otoño, cuando apunta al norte la del invierno.

La Osa Mayor ocupa una posición prominente en los cielos taoístas como el trono aéreo de la deidad suprema. Esta deidad es la Reina del Cielo, la Santa Madre Ma Tsu Po, con características similares a Ártemis. Es llamada Virgen y Matrona de la Medida; una Madre de Misericordia que ha sido comparada con la Virgen María y con la diosa budista Maritchi (o la Kuan Yin).

La Ártemis de “Muchos Pechos” fue la patrona de la nutrición, fertilidad y nacimiento. Su imagen en Éfeso tenía todo el torso cubierto de pechos para demostrar que nutría todas las cosas. Los dioses masculinos de épocas clásicas se volvieron en contra de estos atributos al oponerse al culto de la Diosa. Su propio hermano gemelo, y a veces su consorte, Apolo hizo ilegal el nacimiento en su isla sagrada de Delos y las mujeres preñadas debían ser sacadas de la isla para que no ofrendieran al dios dando a luz allí. Los cristianos luego siguieron envileciendo a Ártemis. Los Evangelios exigieron la destrucción del templo efesiano de la Diosa (Actas 19,27). San Juan Crisóstomo predicó contra su templo en el 406. Poco después fue saqueado y quemado. El Patriarca de Constantinopla alabó el celo de Crisóstomo: “En Éfeso despojó el tesoro de Ártemis; en Frigia, dejó sin hijos a la que llamaban Madre de los Dioses” (“The Woman’s Encyclopedia of Mythos and Secrets” Barbara Walker).

Nota: En la mitología griega Ártemis expresa el aspecto joven de la Triple Diosa junto a Selene y Hécate, la Adulta y la Anciana. Como diosa “virgen” expresa la autonomía y libertad interior antes de la vinculación (y no la virginidad antisexual clásica o cristiana). En el culto de Ártemis la sexualidad no fue considerado algo impuro y la misma diosa la realzaba y dignificaba. Su nombre Ar-Themis está emparentado con Themis, la creadora prehelena que regía el oráculo de Delfos antes que Apolo lo usurpara matando a la serpiente Pitón. Themis también es la Ley y la Justicia de la Gran Diosa por lo que el nombre de Ártemis podría interpretarse como “la Osa protectora de la ley de Themis”. De ahí que la joven Ártemis era la patrona de los recién nacidos, de las embarazadas y las parteras. En lenguas celtas el vocablo “art” significa: oso. Tampoco debemos olvidar que el culto de la Osa se remonta al paleolítico superior y a las osas que con sus crías invernan en las cuevas, donde los primeros sapiens de la última Edad de Hielo también buscaron refugio en el seno protector de la Diosa Madre convirtiéndose la cueva en un lugar de culto y en el templo más primitivo (A. B.)

CERES

Forma latina de la Gran Madre, emparentada con la griega Kore, e identificada con Deméter como Madre Tierra. Como aspecto de la Trinidad de la Diosa regía la tierra y se conbina con Juno como reina del cielo y Porserpina como reina del inframundo. Se la llamaba Ceres Legifera, “Ceres la Legisladora” y sus sacerdotisas fueron consideradas fundadoras del sistema legal romano.

Ceres gobernó Roma a través de sus sagradas “matronae” durante ese período perdido de cuatro siglos antes del 200 a. C., cuyos registros escritos fueron destruídos por posteriores historiadores patriarcales, dejando sólo un residuo de mitos y costumbres religiosas vagamente explícadas. Los campesinos la consideraban fuente de todo alimento y guardaban fielmente sus ritos. por temor a que se arruinaran sus cosechas.

Esto implica no sólo a los campesinos romanos sino incluso a los campesinos cristianos. El mayor festival anual de Ceres, la Cerealia, se celebró en las Islas Británicas hasta comienzo del siglo XX. Un informe del Shire de Murray a fines del siglo XIX dice. “A mediados de Junio los granjeros caminan alrededor de su cereal con antorchas encendidas en memoria de la Cerealia” (“The Woman’s Encyclopedia of Mythos and Secrets” Barbara Walker).

NEITH

Diosa Triple de Sais (Egipto), también llamada Anatha, Ath-enna, Atenea, Medusa. Los egipcios decían que su nombre significaba “Provengo de mi misma”. Ella era el Cuerpo del Mundo, el Abismo Primordial del que surgió el primer sol y “la Vaca que dio nacimiento a Ra”. Ella era el Espíritu detrás del Velo que ningún mortal podía mirar cara a cara. Se llamaba a sí misma “todo cuanto ha sido, es y será”, una frase copiada por los Evangelios cristinaos (Apocalipsis 1,8).

Neith era más antigua que el Egipto dinástico; su símbolo era llevado por su clan prehistórico y su nombre por dos reinas de la primera dinastía. Los griegos la conocían como Nete, parte de la trinidad original de Musas de Delfos.

En la Biblia se la llamó Asenath (Isis-Neith), Gran Diosa de la ciudad de Aun (“On” para los judíos) y su gran sacerdote fue convertido en su padre, tal como en la India Brahma fue convertido en “padre” de la Diosa Sarasvati. Y la Diosa misma fue convertida en esposa de José, cuyo nombre egipcio significaba “el traído a la vida por la palabra de la Diosa” (“The Woman’s Encyclopedia of Mythos and Secrets” Barbara Walker).

Nota: En representaciones egipcias Neith lleva su símbolo-atributo sobre la cabeza: una lanzadera, porque como Atenea crea vida tejiendo, a la vez que el tejido es metáfora sagrada de Inteligencia, cualidad que ambas comparten. Junto a Isis, Selket y Nefthys es una de las diosas de las cuatro esquinas en la tumba de Tutankamón. Neith perduró en la “Isis con Velo” del hermetismo y en la Sofía gnóstica, como la sabiduría femenina creadora, temporalmente velada a los no iniciados (A. B.)

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