La pareja mítica

Dr Gabriel Ventayol

En el siglo XV existió en Japón un maestro de Budismo Zen llamado Ikkyu. A pesar de ser hijo de un emperador, vivió una larga vida (88 años) como mendigo, monje y curandero. Fue poeta, el mejor calígrafo de su tiempo, y una de sus mayores contribuciones a la cultura japonesa – que al igual que en Europa, atravesó entonces un período de renacimiento- fue la de ser creador del WABI, movimiento que destaca la belleza de la simplicidad y la austeridad.
Ikkyu, pese a ser maestro, desafió la filosofía Zen de su época, que no solo ignoraba sino que negaba el valor de la sociedad, y por lo tanto la importancia del amor y la sexualidad. Esa reverencia hacia la sexualidad humana ( la llamó “Hijo Rojo Zen”) hizo que nuestro monje quebrara el voto de celibato, se convirtiera en un amante legendario y declarara que en su relación con las mujeres había profundizado su propia iluminación. Al final de sus 70 años encontró el gran amor de su vida, una cantante de baladas japonesas, ciega, cuarenta años más joven que el. En su lecho de muerte le dedicó su último poema:
“Lamento tener que dejar de reposar la cabeza en tu regazo. Te juro la eternidad…”.

Esta es una conmovedora historia de amor, como lo son la mayoría. Las parejas (heterosexuales o no), tienen en su devenir historias de amor desde el comienzo de los tiempos.
Referiré dos mitos de la Creación, que son simultáneamente mitos sobre el origen de la pareja humana. El primero es un mito griego, narrado por Plinio:
Eurínome, la Diosa de todas las Cosas, surgió desnuda del Caos y al no tener en donde apoyarse separó el cielo del mar, y danzó solitaria sobre las olas. Al producir viento con su danza, lo tomó, lo frotó y surgió la serpiente Ofión, quien se sintió lujurioso ante sus movimientos y se ayuntó con la diosa, embarazándola.
En el debido tiempo ella puso el Huevo Universal, del que salió todo lo que existe; cielo, tierra, planetas, étc. Eurínome y Ofión fueron a vivir en el Olimpo, donde él, irritándola al pretender ser el autor del universo, fue desterrado a una Caverna.
El primer hombre de la creación fue Pelasgo, quien enseñó a los suyos a construir chozas, coser pieles y recoger alimentos.
Los dioses griegos se molestaron frente al hombre y decidieron matarlo. Pero al tomar conciencia de que desaparecido éste se quedarían sin ofrendas, deciden cortarlo en dos mitades, que resultaron ser una masculina y otra femenina, y es por este motivo, según este mito, que venimos a la vida ( o a las sucesivas vidas) y la transcurrimos buscando la otra mitad.
El anterior es un mito feminista sobre la creación. A continuación narraré otro más conocido en nuestro medio, el judeo critiano, citado en el Génesis.
Estaba Dios (representado con forma masculina) solo en el universo; al principio creó la luz, el cielo, la tierra, los planetas, los vegetales y los animales. Luego, amasando barro, forma al hombre y le insufla vida. Viendo que no era bueno que éste estuviera solo, Dios lo sume en un profundo sueño, le saca una costilla y con ella forma a Eva. Esta es seducida por la serpiente (siempre presente en los mitos) y convence a Adán de pecar, comiendo el fruto del Bien y del Mal. Según este mito, ideológicamente machista, la mujer es la portadora de la desgracia en la historia de la humanidad.
Los chinos, por su parte, acuñaron un proverbio milenario: “La mitad del cielo está sostenida por la mujer”. Retomando entonces nuestro tema y tratando de escapar al sexismo, nos preguntamos: ¿ Qué es una pareja? ¿existen parejas felices?, ¿ es posible vivir en la pareja y ser feliz?.
Propongo definir a la pareja como dos personas (de igual o de distinto sexo) vinculados a través del amor, y describiremos al amor según lo definió Julián Marías: “esa relación suprema entre dos personas que se da una, dos o tal vez varias veces en la vida, esa atracción sexual pero además ese sentimiento carente de egoísmo, ese deseo de contemplar el rostro amado y amanecer junto a él por el resto de nuestra vida…
La pareja es el vínculo humano más frágil que existe, con que solo se corte uno de los dos eslabones, se quiebra el vínculo. Las familias son más fuertes, sobreviven – con una relativa frecuencia- aunque el lazo afectivo entre la pareja parental desaparezca.
Aquí estamos refiriéndonos al vínculo INTERNO de la pareja (psicoafectiva), no al EXTERNO (convivencia legalizada, presencia de anillos, fiesta de bodas, etc.). Una pareja, a mi juicio, tiene ciertos elementos que configuran un mínimo común denominador. Ellos son:
1- El Autoamor: el primer paso hacia la formación de una pareja es el amarse a sí mismo, el aprender a quererse. Si no nos amamos, si no poseemos autoestima, no podremos amar y ser amados por el otro.
2-El Amor: Implica ciertamente atracción sexual pero además, AUSENCIA DE EGOÍSMO, RESPETO, PLASTICIDAD, hacia el otro. El verdadero amor no encierra, no limita, los verdaderos amantes desean la felicidad del otro tanto o más que su propia felicidad.
3- El pasado o las trayectorias parecidas: Las verdaderas parejas encuentran elementos en común en el pasado de cada uno, gustos o afinidades comunes, aunque no compartan el mismo origen cultural, cronológico o social. Las líneas paralelas SI se unen dentro de la pareja, y proporcionan su base y sus cimientos.
4- El proyecto del futuro: Casi siempre el proyecto de una pareja son los hijos ( propios o adoptivos, o los ideales materiales o filantrópicos. Todos los proyectos dan sentido a la existencia de la pareja, es el viento que la hace navegar hacia su destino. Los ideales y/o la procreación son las motivaciones que trascienden a la pareja, la perpetúan y la sobreviven.
En síntesis, la pareja es la experiencia humana que nos hace trascender nuestro ego, nuestros mezquinos límites subjetivos.
Cerramos esta nota con la sabiduría de Khalil Gibran: “Dad vuestro corazón,. Pero no para que vuestro compañero lo tenga. Porque sólo la mano de la vida puede contener los corazones…”“Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés, ni el ciprés bajo la del roble”…

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