Prácticas Integrales

Como abordar lo cotidiano desde una perspecrtiva integral?

Cuerpo, Corazón y Mente

Necesitamos desarrollar prácticas integrales que, en mi opinión, se dirijan de un modo global a las dimensiones somática, afectiva, cognitiva, volitiva y transpersonal de la naturaleza humana. Sin embargo, la creación de prácticas integrales en el mundo moderno guarda cierta semejanza con intentar componer un rompecabezas con piezas procedentes de diferentes partes del mundo. Ya en los filósofos griegos podemos encontrar ciertas insinuaciones de esta búsqueda de una educación global de la persona que, así mismo, persiste entre los pensadores del Renacimiento. También encontramos la misma idea de totalidad en el budismo zen y en los yoga sutras de Patanjali, en donde el aspirante espiritual comienza desarrollando virtudes éticas, luego disciplina el cuerpo, las energías vitales y los procesos mentales para emprender a continuación las prácticas meditativas que terminarán conduciéndole a la unión con lo Divino.

Sin embargo, aunque nos remontemos a prácticas pretéritas suficientemente fundamentadas, tales como el yoga, el zen y el misticismo judeocristiano, no debemos limitarnos a los logros del pasado. Para integrar tanto las dimensiones personales como las transpersonales de la vida también debemos beber de las fuentes de sabiduría que nos proporciona la psicología moderna y nutrirnos, al mismo tiempo, de psicologías transpersonales como la psicosíntesis, por ejemplo. De este modo, cuando añadimos a estos «ingredientes» prácticas e intuiciones procedentes de las artes marciales y somáticas o de la investigación moderna sobre el deporte, podemos desarrollar las disciplinas transformadoras que nuestra era requiere.

En realidad, la mayor parte de los programas espirituales tradicionales no son bien entendidos cuando son implantados de manera acrítica a nuestra cultura moderna. En esta época de gran reinvención religiosa, necesitamos la suficiente discriminación y sabiduría como para sintetizar lo más adecuado tanto de lo viejo como de lo nuevo y llevar a buen término nuestro intento de elaborar una especie de yogas modernos.

Cada práctica y cada maestro alienta el desarrollo de un cierto conjunto de cualidades mientras que tiende a rechazar o a suprimir otras. Las prácticas ascéticas contemplativas, por ejemplo, no suelen apreciar la importancia del cuerpo en el proceso de auto transformación, la alegría de la relación interpersonal y la necesidad de la individuación y de la creatividad (que suelen ser interpretadas como aserciones del ego). Por su parte, las terapias transformadoras sufren generalmente de la unilateralidad que refleja los sesgos de sus fundadores. Consideremos la terapia gestalt, por ejemplo, que enfatiza la apertura, la sinceridad, el coraje y la asunción de riesgos mientras que muestra, al mismo tiempo, una cierta falta de consideración con respecto a la empatía y la amabilidad. Aunque algunas artes marciales como el aikido, por ejemplo, están cerca de ser prácticas integrales, se centran principalmente en el cuidado de la mente y el cuerpo, pero prestan una escasa atención al desarrollo de las dimensiones interpersonales de la vida.

En general, pues, ciertas prácticas transformadoras pueden subvertir nuestra totalidad al hacer hincapié en el desarrollo de ciertas cualidades en detrimento de otras. De este modo, el sistema de creencias que subyace a estas aproximaciones determina qué aspectos de la realidad serán tenidos en cuenta y alentados y cuáles serán, por el contrario, ignorados y reprimidos. Si consideramos que el mundo es maya – ilusión – nuestro principal interés puede llegar a ser profundamente ultra mundano. Si, por el contrario, consideramos que la integración personal es el objetivo más elevado de la vida, podemos llegar a dificultar, de ese modo, nuestra capacidad para la trascendencia. Es por ello que propongo el desarrollo de prácticas integrales que nos permitan equilibrar, integrar y expresar nuestra naturaleza pluridimensional.

Sin embargo, para llegar a dar forma a este tipo de prácticas, debemos emprender una juiciosa experimentación personal, una experimentación que se halle guiada simultáneamente por la sabiduría del pasado y por el espíritu de aventura. Así pues, debemos hacer el intento consciente de integrar cualquier práctica física que llevemos a cabo – como las artes marciales, el tai chi, el hatha yoga, el jogging o los deportes en general – con el ejercicio interpersonal y transpersonal. Si, por el contrario, meditamos diariamente, por ejemplo, debemos practicar alguna forma de ejercicio físico para fortalecer la musculatura y el sistema nervioso. Si estamos implicados en una terapia, como la psicosíntesis, por ejemplo, debemos tomar en consideración el introducir un componente somático en nuestra terapia para arraigar las intuiciones intelectuales y emocionales liberadas en nuestro cuerpo.

Nuestras capacidades meta normales tendrían mayores oportunidades de florecimiento si este tipo de prácticas integrales recibieran un apoyo institucional. Allí donde la vida en comunidad ha alentado un estilo de vida transformador – como el hasidismo, por ejemplo, cuyos rituales religiosos tratan de enriquecer todos los aspectos de la vida – resulta posible ampliar y profundizar nuestra práctica. Así pues, necesitamos diseñar estructuras sociales que refuercen las disciplinas de transformación. Podemos crear en nuestro propio ambiente un grupo de amigos que sirvan de apoyo e inspiración a la práctica ya que, de otro modo, aun con las mejores intenciones, caeremos presa de la inercia de nuestras antiguas rutinas. Para crecer necesitamos de los demás.

El desarrollo del estupendo potencial de la humanidad es incierto y arriesgado, puede tener éxito, o no, dependiendo de las decisiones a largo plazo que tomemos para afrontar la crisis global.

Debemos darnos cuenta de que hoy en día estamos afrontando una epidemia de drogadicción, violencia gratuita y adicción a un estilo de vida consumista que pone en grave peligro no sólo nuestra vida interior sino también la salud ecológica del mundo. Sólo tenemos dos alternativas: anestesiarnos a nosotros mismos y seguir siendo adictos de la actividad externa o reconducir nuestras energías hacia prácticas integrales que ofrezcan alternativas creativas a los problemas sociales y ecológicos que se nos presentan en casa y en el trabajo. Si nos centramos en nuestro desarrollo interno y tratamos de fomentar nuestras extraordinarias capacidades, podremos aprender a vivir más luminosamente en la tierra, podremos conservar los preciosos recursos naturales del planeta y encontrar el sentido y el gozo de vivir que puede proporcionamos una aproximación a la vida más compasiva y más orientada internamente.

Michael Murphy

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós

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