Las celebraciones

Artículo de la Lic. Cristina Castro Kehoe publicado originalmente en la revista Mithos, dirigida por Hugo Basile

Desde el comienzo de los tiempos los pueblos primitivos han explotado los senderos de la espiritualidad, siendo ésta una necesidad intrínseca del propio proceso de evolución de la especie humana y forma parte del complejo ensamble que conduce a la hominización, y expansión de conciencia en tránsito de su propio camino hacia la interioridad y a partir de allí intentar las más altas rutas del acercamiento a la divinidad.
La tradición céltica primigenia tenía una concepción animista del entorno y todo elemento y fenómeno natural estaba dirigido a su integración como percepción de lo divino.
El devenir de las estaciones con los cambios observables y su influencia sobre el mundo vivo era motivo de celebraciones especiales, dando origen justamente a las cuatro festividades principales del mundo celta.
En el antiguo calendario el comienzo de cada estación daba motivo a importantes festejos populares. El año celta comenzaba con la llegada de los primeros días invernales. Es el período en que la naturaleza llama a la quietud y permanencia en los hogares – recordemos que los celtas vivían en el hemisferio norte. – Es la etapa en que la luminosidad del día es mínima. Este era el momento de vivir de lo que se había recolectado.
Esta era la festividad de Samhain (se pronuncia so’uin) y comenzaba el 31 de Octubre por la noche. Recordemos que el “día” para los celtas, como para otras tradiciones antiguas, comenzaba por las noches, (el pueblo judío también cuenta así sus días e indica el momento de inicio a los ritos de su culto con “la aparición de la primera estrella”).
Este período de Samhain se extendía aproximadamente hasta el 1º de Febrero. Imponía, tal como lo hace la naturaleza, un período de reposo, conducente al restablecimiento y la renovación.
Esta festividad estaba dedicada a los ancestros, los sabios antiguos, los antepasados sagrados y los seres queridos que habían pasado al lado oscuro.
Se consideraba que esa noche el velo entre el mundo de los muertos y los vivos se hacía tan fino que permitía el contacto con los ancestros. Era especial momento para la adivinación y la resolución de problemas gracias a la posibilidad de recibir el consejo de los antepasados, así como para eliminar ideas e influencias viejas.
Se honraba a Cemunus, Dios con cuerpo humano y astas de ciervo, señor del invierno, del bosque y de la tierra de los muertos y a la Triple Diosa, en su aspecto viejo.
Esta celebración, con transformaciones, persiste hasta nuestros días con el nombre de Haloween (deformación de So’uin), incluyendo el 1º de Noviembre, día de especial recordación a nuestros muertos.
El 1º de Febrero por la noche daba comienzo al período llamado de Imboic (imuic), era el final del invierno. En este momento del año natural, la cercanía de la primavera coincidía con el nacimiento de ovejas. Imboic deriva de “ollmec” que significa “leche de oveja”.
Es el primer despertar de la tierra madre, aún cubierta con los últimos hielos invernales. Época de recomenzar, tiempo de purificación y limpieza. La luz va creciendo y la oscuridad comienza a retirarse. Es el período que tiene que ver con la niñez y la juventud, la inocencia, la verdad y la justicia. Era el momento para desarrollar planes y prepararse para la siembra.
Esta festividad honraba a la Diosa Brigantia suprema deidad de la fertilidad, los rebaños, el agua, la curación y la victoria.
La falta de registros escritos impide tener un conocimiento cabal pormenorizado, ya que estas tradiciones sólo eran trasladadas en forma oral. Algunas referencias aluden a este momento del año celta como de especial dedicación a las parteras, o sea aquellas personas que traían nuevos seres al mundo.
Esta estación duraba hasta el 1º de Mayo, cuando daba comienzo la gran fiesta de Beltaine (Beltene), a la que hemos hecho referencia en el número anterior.
Era el regreso total de la luz, el fin del frío y la oscuridad invernal. Tradicionalmente el tiempo de la maduración, con una naturaleza pletórica , campos y plantas cargados de frutos, donde los ritos referidos a la sexualidad tenían importancia preponderantes. Recordemos que en este día se celebraban casamientos o se reforzaban aquellos vínculos que se hubieran deshecho o que estuvieran desgastados, así como se anulaban aquellas uniones que no habían funcionado. De acuerdo a algunos cronistas no celtas, había una especie de desenfreno ligado a la sexualidad. Esto teniendo en cuenta que la virginidad no era un especial mérito ni virtud para los celtas.
Se recordaba a los héroes protectores de la tierra. Al valor impetuoso. Al dios Bel, o Belenus señor de la guerra, la oscuridad y la muerte, como origen y retorno cíclico de la luz, con su poder regenerador.
Los poderes de seres divinos y semidivinos alcanzan su máximo potencial en este período de verano. Es la época de la magia superior, blanca, en la que se rinde especial homenaje a los guardianes de la casa.
Esta fecha, de especial significado esotérico para el pueblo celta, aparece reiteradamente en los relatos y leyendas. Los sucesos más importantes de su historia, como batallas, conquistas e invasiones estaban siempre en forma reiterada ligados a ese día particularmente mágico. Todo parece haber pasado un 1º de Mayo, fiesta de Beltaine.
Aún en nuestros días, subsiste en Irlanda una bellísima leyenda asociada a esta fecha. El lago Killarney, que es en la actualidad un hermoso paraje de gran atracción para el turismo es el escenario.
Se dice que el gran O’Donoghue que era el señor de esas comarcas, un día se hundió en las aguas con todo su séquito para reclamar ese nuevo territorio. Cuenta la tradición que en las noches de luna llena se ve danzar, en el fondo del lago, a través de la luz que se filtra en sus aguas, a las damas y a los caballeros de la corte. Con los primeros rayos del alba, todos los 1º de Mayo el Gran O’Donoghue sale del lago cabalgando un magnífico caballo blanco enjaezado, seguido por su corte de danzarines y músicos. También dice la leyenda que El Gran O’Donoghue sólo se deja ver por aquellos que en él creen.
El 1º de Agosto comienza la celebración de la última parte del año céltico, Lughnasad (lunasa) especialmente dedicada a Lugh, dios de la luz y la guerra. Soberano del esplendor, de la creación. El bello Dios rubio, gran y máximo artesano, músico, mago, y poeta, creador y protector de todas las artes, de quien daremos referencias en próximas entregas, y a quien tanto se menciona en los registros celtas.
Entre los celtas irlandeses estos festejos que eran una verdadera asamblea, comenzaban quince días antes de la fiesta principal, el primero de Agosto, llamada fiesta de Lugh y se extendían durante los 15 días posteriores a dicha fecha.
La tradición irlandesa también atribuía a Lugh el haber establecido este festejo en lugar y fecha fija, como también haber creado las diversiones que se realizaban, carreras de caballos y torneos de carros, así como el haber inventado la fusta para azuzar los caballos y el ajedrez.
La festividad de Lughnasad marcaba el final de la cosecha. Era fecha especialmente apropiada para los hechizos de buena suerte y abundancia. Se honraba también a Maxcha, la diosa guerrera.
Era momento de los preparativos y cuidado del acopio de provisiones que permitirían enfrentar el largo y duro invierno, y duraría hasta el 31 de Octubre que marcaba el retorno de Samhain.
Por hoy nada más. Será hasta la próxima. Feliz Beltaine.
Para no ser excepción, como buena celta que se precie, tengo una hija nacida justamente el día de la festividad de Beltaine

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