Hablemos de los celtas

Artículo de la Lic. Cristina Castro Kehoe publicada originalmente en la revista Mithos, dirigida por Hugo Basile

Los celtas eran un pueblo de origen indoeuropeo que antes del siglo V a. C. comenzó a desplazarse hacia el Este de Europa dominando y ocupando el centro y norte europeo, desde la cuenca del Danubio, hasta Francia, España, y poco después Gran Bretaña e Irlanda.
El motivo de ese apabullante dominio se debía a que estos guerreros eran buenos conocedores del uso de los metales y portaban armas de hierro, desconocido por ese entonces, en el continente europeo, lo que los hacía invencibles en el combate. Se trataba además de un pueblo de gran fortaleza y valentía, fornidos y de buena estatura.

Trabajaban también el oro, que utilizaban tanto como adornos en alhajas, broches y fíbulas, como formando parte de sus atributos de guerra, cascos y el collar que distinguía al guerrero.
La mujer celta, a diferencia de sus coetáneas griegas y romanas peleaba en la batalla a la par del hombre, manejando diestramente la lanza y la espada.
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Las celebraciones

Artículo de la Lic. Cristina Castro Kehoe publicado originalmente en la revista Mithos, dirigida por Hugo Basile

Desde el comienzo de los tiempos los pueblos primitivos han explotado los senderos de la espiritualidad, siendo ésta una necesidad intrínseca del propio proceso de evolución de la especie humana y forma parte del complejo ensamble que conduce a la hominización, y expansión de conciencia en tránsito de su propio camino hacia la interioridad y a partir de allí intentar las más altas rutas del acercamiento a la divinidad.
La tradición céltica primigenia tenía una concepción animista del entorno y todo elemento y fenómeno natural estaba dirigido a su integración como percepción de lo divino. Sigue leyendo

El simbolismo del árbol entre los celtas

Artículo de la Lic. Cristina Castro Kehoe publicado originalmente en la revista Mithos, dirigida por Hugo Basile

Los Celtas nunca construyeron templos dado que la madre naturaleza lo había hecho por ellos.
El templo celta era el bosque y allí, en un claro, los Druidas, los sacerdotes-magos de la cultura celta, realizaban sus ceremonias rituales, muchas veces asociadas a la presencia de determinados árboles considerados mágicos o sagrados.
Todo bosque era de por sí un lugar sagrado, pero había lugares especiales con una característica más mística que otros.
En realidad la palabra celta para designar esos lugares sagrados era nemeton. Este fonema pasó a formar parte de muchos lugares europeos: Medionemeton, en Escocia, Nemetodurum en Francia, que actualmente se llama Nanterre, y Nemetobrigia en España, son nombres que corresponden a antiguos lugares especiales por sus características energéticas.
Al igual que muchos pueblos primitivos los celtas eran tan conscientes y conocedores del entorno natural que tan ricamente los proveía, en tanto que, como guerreros e invasores eran recolectores y dependían totalmente de lo que la madre naturaleza les brindaba.
Con el devenir de los siglos (recordemos que eran estructuras tribales que llegaron a Europa alrededor del siglo IV antes de cristo), a medida que iban evolucionando y creando asentamientos, ya que sin la condición de nomadismo que los caracterizó, si bien seguían siendo pueblos guerreros por naturaleza, al integrarse a las etnias que conquistaban, tendían lentamente a establecerse como culturas de agricultores. Sigue leyendo

El simbolismo de la serpiente

Artículo de la Prof. Marcela Garber publicado originalmente en la revista Mithos, dirigida por Hugo Basile

La serpiente ha representado a lo largo de la historia de la humanidad un sinnúmero de simbolismos que hacen a la vida espiritual del hombre, apareciendo muchas veces como aspecto maléfico en determinados mitos y benéfico en otros tantos, incluyendo representaciones simbólicas que el hombre debiera dominar.
Vamos a introducirnos y a recorrer en este artículo, distintas representaciones de la serpiente en las diversas culturas.
En muchas culturas y en casi todos los mitos del Árbol de la Vida, hay un guardián generalmente representado por un dragón o una serpiente que impide algunas veces al hombre apoderarse de sus frutos; aparecen aquí el simbolismo de la sabiduría y de la inmortalidad que son difíciles de obtener. En otros mitos ocurre lo contrario, la serpiente y el dragón simbolizan la tentación, muerte y oscuridad como lo muestra el Antiguo testamento.
Junto con el árbol, a menudo aparece una serpiente próxima a la raíz o enroscada en el tronco. Cuando éstos aparecen juntos el árbol representa el eje del mundo y la serpiente enroscada en su tronco los ciclos de la manifestación. Sigue leyendo

El legado de la serpiente

por Hugo Basile
En nuestro texto anterior (¿ En qué mintió la serpiente?), analizamos el mito de la mentira de la serpiente desde un lugar distinto, un lugar desde el cual ésta aparecía como portavoz de una realidad que Jehová ocultaba a los ojos de los humanos: el hecho de que él mismo formaba parte de una dualidad, y de que esa dualidad, al manifestarse, creaba la vida y la conciencia.

En nuestro texto anterior, analizamos el mito de la mentira de la serpiente desde un lugar distinto, un lugar desde el cual ésta aparecía como portavoz de una realidad que Jehová ocultaba a los ojos de los humanos: el hecho de que él mismo formaba parte de una dualidad, y de que esa dualidad, al manifestarse, creaba la vida y la conciencia.
También vimos que la conciencia estaba imbuída de una fuerza motora que la arrastraba a fin de desarrollarla, trocando la conciencia de unidad por la conciencia individual, y que esta fuerza es la que vulgarmente conocemos como el Diablo o Satanás.
Metafóricamente, lo que se planteaba en los mitos de la caída, tanto la de Adán y Eva como la de Lucifer, era la naturaleza de la conciencia y su proceso de individuación.
Vamos a continuar con este tema intentando comprender cómo se manifiestan estas fuerzas y cómo se expresan en los mitos. .
René Guénon, de quien hicimos referencia en el número anterior, acude a los vedas hindúes para hacer esta descripción: Sigue leyendo

El camino de la serpiente

“Hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir,
por cualquier hombre del mundo, por cualquier casa…”

“Lo más terrible se aprende enseguida,
y lo hermoso nos cuesta la vida…”
Silvio Rodríguez

“Cuando era joven tuve un jardín, pero me escapé hacia otro lugar
y no sirvió de nada
porque todo el tiempo estaba en un mismo lugar,
y bajo una misma piel, y en la misma ceremonia…”
Fito Páez

por Hugo Basile

Esta tercera parte de los artículos de la serpiente, comienza con una pequeña anécdota del mito bíblico, y con una pregunta.

Cuando en el huerto de Gethsemaní, Jesús acababa de ser apresado por los romanos, guiados por Judas Iscariote (de quién también hablaremos en próximos artículos, dado que carga ante los ojos del hombre con el mismo estigma que el de Satanás), los soldados preguntan quién era Jesús, y él contesta lo mismo que Jehová ante Moisés: Yo soy (el que soy). Cuando les dijo Yo soy retrocedieron y cayeron a tierra .( Juan 18:5,6)

Y ahora seguimos con la pregunta: ¿ Qué hubiera contestado Ud. en su lugar? Sigue leyendo

En qué mintió la serpiente?

Un acercamiento a la evolución de la conciencia en los mitos

por Hugo Basile

Este trabajo apunta a hacer una descripción de los simbolismos en los que se apoya nuestra cultura y en la repetición de dichos simbolismos en forma cíclica, pero al mismo tiempo, a mostrar que en ellos se encierra el secreto de la existencia humana, desde el nacimiento de la conciencia hasta la formación de la individualidad como forma de evolución y de acceso al conocimiento. Podemos tomar datos que algunos podrán tildar de parciales, sin embargo, resulta inquietante la coincidencia de dichos datos que, vistos desde un particular lugar, con una base no científica sino experiencial, nos muestra que cada cosa encaja en el lugar que le corresponde, y que el drama de la existencia humana, como gustaban llamarla los existencialistas, es un reflejo que se repite incansablemente desde los aspectos más abarcativos del cosmos hasta los más íntimos, como lo es el desarrollo de la misma conciencia. Sigue leyendo

La pareja mítica

Dr Gabriel Ventayol

En el siglo XV existió en Japón un maestro de Budismo Zen llamado Ikkyu. A pesar de ser hijo de un emperador, vivió una larga vida (88 años) como mendigo, monje y curandero. Fue poeta, el mejor calígrafo de su tiempo, y una de sus mayores contribuciones a la cultura japonesa – que al igual que en Europa, atravesó entonces un período de renacimiento- fue la de ser creador del WABI, movimiento que destaca la belleza de la simplicidad y la austeridad.
Ikkyu, pese a ser maestro, desafió la filosofía Zen de su época, que no solo ignoraba sino que negaba el valor de la sociedad, y por lo tanto la importancia del amor y la sexualidad. Esa reverencia hacia la sexualidad humana ( la llamó “Hijo Rojo Zen”) hizo que nuestro monje quebrara el voto de celibato, se convirtiera en un amante legendario y declarara que en su relación con las mujeres había profundizado su propia iluminación. Al final de sus 70 años encontró el gran amor de su vida, una cantante de baladas japonesas, ciega, cuarenta años más joven que el. En su lecho de muerte le dedicó su último poema:
“Lamento tener que dejar de reposar la cabeza en tu regazo. Te juro la eternidad…”.
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Mitologías del Rin

Carta al Sr. Antoine Minorel, químico, matemático y filósofo errático (siglo IXX)

Este artículo forma parte del libro ” Mitologías del Rin” de X.B. Saintine, publicado originalmente en el siglo pasado y reeditado este año por Edicomunicación con ilustraciones de Gustave Doré. Nos pareció que las mismas observaciones que hace el autor al Sr. Minorel, científico de la época, son las mismas que haríamos aquellos que somos amigos de las mitologías de los pueblos, porque pensamos que son éstas las que, en definitiva, les dan su identidad.
Decidimos entonces compartirlo con ustedes.

Siempre hubo cierto antagonismo entre nosotros y los sabios o filósofos.
Estos han acabado por probar que los gigantes eran mucho más raros de lo que se suele pensar y que el roble sagrado era un roble como otro cualquiera: y el fresno Igdrasil, un fresno inverosímil; que el ruido del viento y de la tempestad no se debe únicamente a los graznidos de los pigargos y a los ladridos de las jaurías del cazador salvaje. Filósofos y sabios, gracias a vosotros, nuestros padres, se han dejado persuadir de que las erupciones de los volcanes tienen otras causas determinantes que las luchas encarnizadas de las brujas y de los demonios que se disputan el imperio de los infiernos, que el arco iris no tiene la solidez que convendría para hacer un puente; así como otras demostraciones análogas.
Hasta aquí no hay mucho más que decir.
Lo cierto es que, poco a poco, de todos sus dominios celestes, la mitología del Norte sólo pudo conservar el de la AURORA BOREAL. Sigue leyendo

Démeter y perséfone El mito de la transformación cíclica

por Analía Bernardo

Démeter y Perséfone -Ceres y Proserpina para los romanos- las diosas gemelas percibidas como madre e hija, representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y emergencia cíclica.

Los Misterios de Eleusis que celebraban a estas Diosas eran ritos de pasaje destinados a personas adultas que proporcionaron un espacio sagrado para vivenciar nuevos estados de conciencia y una percepción de la vida que surge de la muerte.
Conocemos este mito por los poetas griegos de la segunda mitad del primer milenio a. C. que tomaron el mito de una tradición oral anterior, varios siglos después de las invasiones de nómades guerreros de las etapas caucásicas producidas durante la Edad de Bronce y de Hierro, conocidos como indoeuropeos.
Estos pueblos invasores, aqueos y dorios, conquistaron la cultura de la Diosa agrícola e introdujeron reformas sociales y religiosas colocando a Démeter, Perséfone y otras deidades bajo la influencia de Zeus, Poseidón y Hades, los dioses de los nómades. El mito de Démeter y Perséfone procede de una tradición agrícola pre-helena que adoraba a la Gran Diosa, la creadora primigenia en la Antigua Europa y Medio Oriente.
A comienzos de este siglo la arqueóloga Jane E. Harrison fue una de las primeras eruditas en señalar la antigüedad de las diosas del panteón griego respecto de los dioses indo-arios de épocas posteriores advirtiendo que en Olimpia donde Zeus gobernó como deidad suprema, el templo de Hera, el Heraión antecede por mucho al templo del dios del Rayo y que el matrimonio de Hera con Zeus no existió desde el principio como tampoco la paternidad de Zeus sobre Atenea, la ancestral diosa de la sabiduría, hija de la titana pre-helena Metis. Sigue leyendo